Eva
Eva apareció un día en mi casa con tres jirafas... No, no es la típica metáfora de los blogs, no. Es que, la tía ¡APARECIÓ CON TRES JIRAFAS! 
Obviamente no eran tres jirafas tamaño natural, eran de juguete: el padre, la madre y el cachorro. Bastante realistas, por cierto, he de decir que tanto el macho como la hembra se distinguen perfectamente por razones obvias (véase el chochazo del animalico de la foto).
El caso es que Eva siempre hace regalos rarísimos. Llega con paquetes envueltos de alguna forma medio sorprendente, te los entrega con una sonrisa tan limpia como ella y... espera...
Vale la pena esperar porque, a ver, ¿qué cara pondríais vosotros si al abrir un paquete os encontrais con la familia jirafil al completo? ¿Y con una esfera tamaño melón hecha de marfil? ¿Y con una especie de peonza de papel de colores hecha al más puro estilo tradicional japonés?
Poco a poco sus regalos han ido ocupando su sitio, tomando importancia en cada rincón de mi casa, como ella en mi corazón.
Han pasado seis años desde que llegaron las jirafas. Al principio, como no sabía qué hacer con ellas, las puse dentro de las macetas, para que estuvieran en su hábitat natural. El otro día mi hijo de cuatro años las fue poniendo en fila en plan "la senda de los elefantes" por el pasillo de casa. Ya han encontrado su lugar.
Han pasado ocho años ¿ocho? Desde que encontré a Eva. Al principio, después de "desenvolverla" tampoco supe donde ponerla. Era tan rara y tan pura, que nunca había imaginado un sitio para ella en la estantería de mi cabeza. Al final, como sus regalos, ella ha encontrado su lugar, un sitio donde no cabría nada similar, porque no hay nada que se le parezca.
La bola de marfil sigue rodando por casa, de vez en cuando me hace tropezar, se me enreda entre las piernas, obstinada, descarada, para que no se me ocurra olvidar a Eva, aunque ella no esté, aunque sea tan independiente, aunque se escape...
El lunes pasado me llegó el objeto más increíble de todos los que me había entregado: entró en casa, sonrío con la cara más luminosa que le conozco y me entregó su corazón encuadernado a gusanillo. No es la típica metáfora de los blogs, no: es que me dio su corazón, tal cual, entre tapas de cartón, derramado en sus poemas.
Ay, Eva... Te vas...

sonrisa dijo
Estoy segura de que cuidarás de mi corazón encuadernado y con gusanillo, lo sé. Gracias a ti es más generoso y transparente. Aquí van dos lágrimas emocionadas.
29 Noviembre 2006 | 01:22 PM