Hoy me iba a hacer la guay publicando un post sobre bolsos, pero... No nos engañemos, vosotros me queréis más por lo ordinaria que soy, que por lo fashion que puedo llegar a ser.
Así que, hablemos de un tema fundamental, de una pregunta que ha atenazado a las féminas de todo el mundo que no sean alemanas y a los mariquitas aseados: ¿cuánto tarda el vello púbico en salir de nuevo? (Véase que he puesto "vello púbico" en vez de "pelos de la brenca", lo cual -teniendo en cuenta el primer post de este blog titulado "La cicatriz sigue ahí"- es todo un avance en mi proceso de civilización).
Hoy, contemplando la incipiente salvajura de mis ingles, he visto la posibilidad de hacer un negocio redondo -no, no es que me vaya a prostituir, los tangas son demasiado incómodos-, es que he pensado que, si hubiera alguna manera de aislar genéticamente la capacidad de regeneración de mis raíces capilares, me forraba. Es decir, si pudiera venderles a los de las clínicas para calvos mi habilidad para rebrotar los pelos de las ingles, me hacía más rica que Paris Hilton. Es que... Imaginad... Toda esta fuerza salvaje con la que brota mi brenca en apenas quince días sobre la cabeza de un tío alopécico, vamos, la Pantoja parecería Yul Brynner a su lado.
Me depilé el día de antes de mi operación de rodilla para que todos los enfermeros no notaran que la mitad de mi ser viene de Albacete. Hice bien: me dejaron en pelotas y me pusieron un camisón que ríete tú de la niña del exorcista.
Hoy, al intentar mear con mi pierna de fibra de vidrio (es que la escayola es de este material, porque yo lo valgo) he visto cómo los pelicos volvían a salir... Me pregunto si el "Nono", ese aparato freake y fascinante que anucian machaconamente en Tele5, sería capaz de que el bosque no volviera a brotar en menos de quince días...
Yo calculo que No, No...