Mira, from lost to the river... Me da vergüenza contarlo, pero, teniendo en cuenta que hasta me he atrevido a desvelar aquí la rapidez con la que se regenera mi vello púbico (ver artículo "Pa que luego digan..."), ¿por qué no os voy a confesar a santo de qué me tuve que operar la rodilla?
No, no me he caído por las escaleras. No, no me he lesionado haciendo ninguna proeza sexual... Ni iba borracha, ni me drogo, nada de eso.
La culpa de que a servidora se le salga la rodilla derecha la tiene...
¡CAMILO SESTO!

Tal cual, como lo oís, ni más ni menos, que dirían los Chichos. Me he destrozado las rótulas por obra y gracia del jilguero de Alcoi.
Tenía yo la tierna edad de 8 añitos y muy poco conocimiento cuando mi hermano el mayor, el gay, claro, llegó a casa con el disco de Jesucrito Superstar. Ni qué decir tiene que me aprendí las canciones de cabo a rabo. ¿Quién no se sabe aquello de "Basta ya de angustías, deja los problemas, olvida las penas..."? Sin embargo, servidora, que es una ambiciosa, no se contentaba con imitar a Ángela Carrasco, no, yo lo mismo te hacía de Pilatos, que del mismísimo hijo de Dios.
Y... ay, amigos, cuando vi a ese Camilo Sesto en la tele, tan guapo, entregao, pidiéndole explicaciones a su padre de por qué le había tocao a él la china de crucificarse, tirándose de rodillas en plena impotencia, dije yo "este número me tiene que salir bordao"... Y lo repetí, lo repetí, lo repetí hasta la saciedad, gritando "Mira mi mueeeeeeerteeeeeeee" en plan desgarrao y tirándome sobre mis rodillas de un salto una y otra vez sobre el suelo de terrazo alicantino de mis padres.
Para entonces, esta que lo es, a pesar de su niñez, debía rondar los 50 kilos, y a cada "Mira mi mueeeeeeeeerteeeeee", a cada rodillazo de un salto, mi rótula derecha iba destrozándose. Esta es la verdadera historia, real, como la vida misma.
¿Qué os parece? ¿A que "Mola mazo"?

Si clickais en la foto siguiente veréis a Camilo en estado de gracia, con rodillazo final incluido (él se apoya en los empeines, el muy tramposo)