Vaqueros ajustados, pero muy a-jus-ta-dos, una camiseta de rayas y un cinturón medio desgastado. Su culo viene y va, va, va... Las manos se agarran, buscan, se empeñan en tocar en el momento justo, hasta que vibre cada rincón, hasta que oiga lo que espera.
Y... lo mejor, lo que más me pone son esos chicos mirando, aguardando su turno, envidiando todo lo que él puede durar sin descanso, esperando que ella no le haga el favor de darle más juego que a ninguno.
El más bajito toma el relevo y empuja, golpea, su paquete se restriega compulsivamente, de tal manera que hasta le duele en un momento de entusiasmo...
La chica de la esquina mira sin ganas. Está harta de esperar. No le interesa, se quiere ir ya. Su novio es el último y, por mucho que ella proteste, no está dispuesto a perder su dinero. De hecho, ya le toca y piensa estirarlo al máximo. Total, tampoco hay nada mejor que hacer. Ya sabe exáctamente lo que ocurrirá después: las tres Mas (MacDonalds, mamada, mañana nos vemos).
Mientras tanto, la otra sube y baja, lleva al chaval al extremo, justo cuando cree que está todo perdido, llega a la punta y vuelve a empezar, lo está volviendo loco. Y en ese momento, él olvida el puesto de pescado, la mierda de las señoras que le piden que arranque tripas y corte agallas; en ese preciso instante él es el mejor, el puto amo.
Los otros dos lo están odiando ya, justo en este instante, cuando la mete hasta el fondo, la empuja con la cadera y siente que no hay un sonido mejor que... el de la... ...bola extra.
Si os atepetece echar una partidita, pulsad