La tierra tiembla bajo tus pies. Los oidos casi revientan y, por un momento, al fin, es imposible pensar en nada.
Mientras el cerebro descansa... Las neuronas explotan de placer y bailan, se dejan llevar por el olor picante de la pólvora.
Todo ocurre poco a poco. Al principio como una sorpresa, después como un ataque, al final es lo más parecido a un orgasmo.
Yo estaré ahí, mañana, con un escalofrío en la espalda.