¿Por qué casi siempre hay dos tíos con camisa de leñador apostados al
principio de la barra de los locales de ambiente? ¿Alguien lo sabe?
¿Los venden con la madera o se atornillan luego, como el grifo de la
cerveza?
No me digáis que nunca los habéis visto: tú abres la
puerta, entras, te paras una décima de segundo para ver cómo está la
fauna y sientes sus pupilas haciéndote un repaso de arriba a abajo.
En
mi caso, invariablemente, piensan: "ya está el chocho molestando",
porque estás son de las mariquitas talibanas que piensan que todo lo
que no tiene polla resulta superfluo.
Cuando entran mis amigos, al
verlos, se les despliega una especie de escaner, a lo Terminator, que
evalúa la situación en su mente: "Pasivo/Activo, menos de 40 años,
mono, el sujeto de al lado es su novio, que pase el siguiente".
Pero
esto lo digo yo porque soy muy intuitiva, porque ya os adelanté, que
las dos maricas de la camisa a cuadros son como parte del mobiliario,
o, si queréis, como una compresa de toda la vida: no se notan, no se
mueven, no traspasan la linea imaginaria de 20 centímetros más allá de
la barra.
¿Terminaré yo de abuelilla allí, con mi camisa de
leñadora, junto a mi amigo gay, como la mítica pareja de los teleñecos?
Espero que San Sebastián no lo permita.