El día en que mi padre supo que yo también soy un maricón o... chico, ¿pa qué preguntas?
Allí estaba yo, en el patio de la casa del pueblo. No sabía si entrar o
salir, si llamar por teléfono para disimular mi vergüenza y hablar con
alguna voz conocida, si beberme tres gintonics y tirar palante. ¿Dónde demonios estaba J? ¿Dónde A? ¿Qué coño
pintaba yo ahí?
Tuuu Tuuuuu Tuuuuuuu

- Servidora: Hola, papá, estoy en tu tierra.
- Padre: ¿Que dices que te has ido a dónde?
- Servidora: A la provincia de Albacete, papá.
- Padre: ¿Y te has llevado tú al niño?
- Servidora: No, papá, el niño se queda con su padre. Me voy yo sola, al cumpleaños de J
Silencio...
Silencio...
Silencio...
- Padre: tú lo que tienes que hacer es quedarte en Madrid con tu
marido y con tu hijo, que para eso los tienes. - Servidora: Papá, por favor, que ya tengo 38 años, sólo voy a celebrar que uno de mis mejores amigos cumple 40 años, ya está.
- Padre: pues no entiendo qué tienes que hacer tú, rodeada de maricones, déjalos que ya disfrutarán entre ellos.
- Servidora: Papá, ¿sabes por qué me voy con los maricones?
- Padre: No, no lo entiendo, ¿por qué?
- Servidora: porque, en el fondo, yo soy uno más...
Silencio...
Silencio...
Más silencio...
- Padre: vale, te paso con tu madre
No le dije nada a mi madre. Estaba demasiado cabreada. Colgué en cuanto pude. Me quedé ahí en medio, bajo el emparrado, sintiéndome más sola
que Tamara la mala, con un vacío de rabia en el estómago. De la casa
llegaba la música de la Bola de Cristal. Los chicos estaban jugando al
Dicciopinta, una cosa de mucha depravación y mucho vicio, como intuía
mi padre.
Cuando estaba buscando una botella de tónica para optar por la solución "c" (o sea, beberme tres gintonics y pasar de todo),
llego N. N es uno de los tíos más educados que he conocido en mucho
tiempo, dulce, divertido y muy, muy listo, con una profesión de esas complicadísimas que hace posible que todos los aviones no choquen entre ellos.
Le conté a N mi conversación. No lo conozco de casi nada, pero estaba
tan indignada que tenía que sacarlo. Él me habló de su padre. Me dijo
que estaba muy mayor, que nunca le había dicho que era gay, que no
quería que muriera sin decirle "mira, soy feliz, este es el hombre del que estoy enamorado".
- N: Lo que no sé es si eso le servirá para morir en paz o para joderle la vida.
- Servidora: Si no se ha dado cuenta y ya ha cumplido los 80, es porque no quiere ver
- N: Ellos no preguntan, yo no cuento... Así ha sido siempre, no se si me arrepentiré.
Tino Casal se puso a cantar "Embrujada" sin venir a cuento. Es la melodía de mi móvil.

- Servidora: perdona N, es mi madre.
- N: no pasa nada
- Servidora: mamá, ¿qué pasa?
- Madre: hija, has dejado muy triste a tu padre, ¿cómo se te ocurre contestarle así?
- Servidora: no sé, mira que yo suelo ser amable, pero la idea me la ha dado él faltándole el respeto a casi todos mis amigos. Pregúntale porque le preocupa tanto con quién se acuestan, a mi, personalmente, es algo que me tiene sin cuidado. Es que no entiendo esa obsesión... sobre todo teniendo en cuenta que su propio hijo es gay.
- Madre: venga, hija, tengamos la fiesta en paz.
- Servidora: eso digo yo, mamá. Un beso, hasta luego.
Colgué, la conversación no nos iba a llevar más allá.
- N: veo que tu hermano sí se lo dijo a tu padre.
- Servidora: Ya, y así le fue...







calalola dijo
buenos días Mari, oye que si sales en el especial de Nochebuena avísame, que ponga los deudevedeses a grabar que el de las cigüeñas tiene curiosidad... jajajajajjaja
Besos.
13 Noviembre 2007 | 08:47 AM