El dolor transparente
Ese que saluda en el ascensor con la mejor de sus sonrisas es el mismo que dos horas después hace que el techo de tu casa esté a punto de venirse abajo. No te dejes confundir por ese "buenos días" perfecto, de hijo de la gran puta.
Ese niño que juega con el tuyo no miente. Me refiero al que el otro día se puso a llorar pidiéndole al padre que no le pegara, muy bajito, casi sin que se le oyera, sólo porque se le habían caído los gusanitos. No te dejes engañar porque se lo llevara sin decir nada, a otro sitio, lejos de donde alcanza tu vista.
Ese tipo que cogió en brazos a su mujer para hacerle cruzar el umbral de la casa, es el mismo cabrón que "la quiere" tanto que echa la llave de casa para que no salga y nadie se "la gaste" con la mirada. Ese que pega donde no se ve, para que no se note, ese que va perfectamente planchado porque su mujer no se atreve a cometer ni una sola falta, es el que la ayuda a sentarse en la reunión de vecinos "porque está muy cansada".
Y tú te lo crees... porque es más cómodo.
Hasta que la bofetada se la lleve tu hermana, tu madre, tu hija... Ojalá sólo sea eso: una bofetada...















theo dijo
Hace unos años (no muchos), en Pamplona, una pareja tenía una discusión en el bloque de enfrente tan brutal que la oíamos desde el salón del piso. Lo que estaba ocurriendo era evidente y llamamos a la Policía... Nos pusieron tantos trámites, tantos impedimentos, tantos obstáculos... que al colgar supe que no vendrían. Y así fue. No apareció un sólo coche de policía en toda la noche, y estuvimos toda la noche por si ocurría algo más. No ocurrió esa noche, pero un mes más tarde la chica era hospitalizada con varias costillas rotas.
Un saludo.
26 Noviembre 2007 | 03:42 PM