Mezquino
A las tres de la tarde el sol ya descansa tranquilo, después de salirse con la suya. Lleva toda la mañana espantando las nubes y con los mismos rayos que ha usado para darles de bofetadas, nos empuja hacia el chiringuito.
El niño protesta. No quiere andar. Finge que a sus cuatro años aún es un bebé. Trata de convencerme con la sonrisa, con un par de lágrimas, enredándose entre mi falda con toda su gracia. Hoy no me engaña porque antes de esa tarde lo he llevado mil veces a la espalda. No hay nada que le guste más que ser mi koala.
En aquella tarde radiante A y R aún se amaban y tanto el uno como el otro, tan educados, me miraban, callados, con los mismos ojos que el gato con botas de Shrek para suplicarme que les permitiera subirlo en brazos. Y los dejé, claro.
Así llegaron tres sonrisas a la misma orilla de la paella. Con el hambre en el estómago y un brazo muy pequeño levantado, tratando de tocar una nube, la única, que se había escapado. Se lo disputaron para sentarlo en brazos, se pelearon por la cuchara para darle el arroz, se abrazaron, se hicieron cosquillas, se besaron en la cara, en las orejas , en las puntas de los dedos, se dieron piquitos en los labios...
Todo era puro, blanco, tan luminoso como el día, tanto que habría cegado a cualquier ciudadano conservador bienintencionado.
El sábado pasado pisamos la "alfombra roja" de una toalla de baño. Estaba en la puerta de casa de mi hermano. Su novio nos la echó a los pies, para recibir al actor revelación de la casa. El niño duerme en la misma habitación que ellos, en una cuna que ya es demasiado pequeña, a la derecha. Me cuentan que por las mañanas trepa hasta la cama y se mete entre los dos. Entonces, ante sus ojos, las sábanas se convierten en barco pirata, en circo romano, en castillo, en una alfombra persa capaz de llevarlos a los sitios más raros, como aquella cama del boliche de la Bruja Novata.
Todo es risa, juego, tan inocente como el mismo niño, tanto que haría desconfiar a los que nunca se dejarían seducir por un bucanero, a los que no dudarían en girar el pulgar hacia abajo, a los que lanzarían aceite hirviendo para defender la fortaleza de los extranjeros, a los que nunca se dejarían llevar en una alfombra por miedo a los ácaros.
Sólo alguien tan mezquino, tan sucio como para mirarse la entrepierna a la hora de amar a un niño puede prometer que prohibirá que dos homosexuales lo adopten.
Rajoy, en la misma entrevista ha dicho: "Dedico muy poquito tiempo a mis hijos" www.20minutos.es
















ídem dijo
Rajoy está hablando a la deseperada. Ha visto posibilidades de ganar y lanza los gritos que mucha gente vomita en la calle y quiere oir:
*** "hay muchos extrajeros y todos vienen a robar y a pillar dinero del Estado"
*** "los de fuera no respetan nuestra cultura"
*** "el canon digital es para esos vividores" (a nadie le gusta pagar impuestos, pero es injustísimo que estemos venga a descargarnos películas y canciones por la cara)
*** "que dos maricones se casen me da igual... pero adoptar no, que por encima de su capricho de ser padres están los derechos del niño"
Y así una a una todas las propuestas que rajoy (sin mayúscula) está escupiendo.
Confío en que la gente de izquierdas acuda a votar el 9 de Marzo y no permita el retroceso en derechos conseguido estos cuatro años... Defender la alegría...
12 Febrero 2008 | 09:22 PM