He viajado en el tiempo. No, no es una forma de hablar. No estoy escribiendo ciencia ficción. No le he robado la máquina del cambiazo al profesor Bacterio, ni el coche al muchacho ese que se fugaba al futuro y que ahora tiene Parkinson, ni siquiera me he pillado un traslador de Harry Potter, no... Es que he viajado en el tiempo de verdad, tal cual.

Veréis, estaba en casa el martes con una hermosa gastroenteritis, cuando sonó el teléfono fijo.

-Hola, señora, buenos días, mi nombre es Maria Amparo, ¿puedo hablar con el cabeza de familia?
-¿A qué se refiere con el "cabeza de familia"?
-Pues... al hombre de la casa.
-¿Al hombre de la casa? ¿Para qué quiere hablar con un hombre?
-Discúlpeme, señora, me refiero al responsable...
-¿Al responsable de qué?
-Creo que no nos estamos entendiendo, señora, pues al responsable del hogar, de la familia...

¡Coño! ¡Tanto dejarse los cuernos Stephen Hawkins buscando los agujeros negros y va Maria Amparo y se carga la dimensión espacio-tiempo en dos patás! Si no fuera porque me había dicho su nombre, habría pensado que me estaba llamando Mercedes Alcántara.

-Discúlpeme, señorita, ¿es posible que me esté usted llamando del Cuéntame?
-¿Cómo? No la entiendo señora, verá, mi nombre es María Amparo y llamo para hacerle entrega al cabeza de familia de un premio muy importante.
-Pues mire, señorita, le voy a dar un consejo: coja el calendario que tenga más a mano, mire qué año le señala. En el caso de que la cifra sea inferior a 1980, vuelva a marcar mi número: usted ha conseguido viajar en el tiempo y yo, como periodista, no estoy dispuesta a perderme la exclusiva. Si, por el contrario, arriba de su almanaque del Partido Popular -que es el que debe de tener- pone 2008, pregúntese por qué en su hogar el cabeza de familia y el que toma las decisiones es su marido cuando usted está aguantando a alguien como yo para llevar el dinero a casa....

Aún recuerdo cómo mi madre -una Mercedes Alcántara de libro- me contó que mi padre tuvo que darle permiso para que le otorgaran la tarjeta de Galerías Preciados, a pesar de que ella se levantaba
todos los días a las siete de la mañana para trabajar de maestra.
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.