Matar a un ruiseñor
Nunca os hablo de mi hijo. Es demasiado íntimo, demasiado inocente como para mezclarlo en estas charlas de camioneros que tenemos de vez en cuando, pero hoy necesitáis saber que existe para comprender por qué no me quito de encima esta tristeza que me ha caído encima, como un guardapolvo.
Mi niño tiene cinco años y los ojos muy grandes, enormes y tan cándidos que conmueven. He tratado de explicarle que nunca se debe separar de mí para que no le pase nada. Se lo he mostrado con cuentos, con paciencia, con bromas, enfadándome, riñéndolo, hasta castigándolo. No me entiende, no es capaz de comprender que alguien quiera hacerle daño a un niño.
Yo tampoco...
Mari Luz tenía cinco años y los ojos tan grandes como mi hijo. Hoy he visto una fotografía de su madre sentada en su cama, abrazando su muñeca, esperándola.
Ya no volverá. La encontraron ayer flotando en el agua, después de dos meses de búsqueda. Sólo de pensar en lo que sentía su madre cada vez que veía su habitación vacía, sólo de imaginarla quitando el polvo de las muñecas, de los juguetes... arreglando una y mil veces la cama para que todo estuviera perfecto a su vuelta, se me parte el alma.
El alma... ¿Cómo hará ahora el padre para seguir creyendo en Dios? El día en que vino a nuestro programa parecía el hombre más fuerte del mundo. Un gitano guapo, de mirada limpia, un tipo honrado, de los que realmente creen que un ser superior vela para que no nos ocurra nada. ¿A qué se puede aferrar ahora?
La noticia corrió ayer como se desborda la sangre de una herida en la cabeza. Los gitanos salieron a la calle en pijama, con la ropa de estar por casa. Les importó tres narices guardar las formas, pasaron de las cámaras, de las apariencias, se olvidaron de todo y se concentraron en el dolor. Así son: generosos para el duelo y para el amor. Chillaron de pena con la misma fuerza que gritaban días antes pidiendo que la niña volviera con vida.
El periodismo es despiadado y casi nunca entiende de sentimientos. Os digo que si Mari Luz hubiera aparecido la semana que viene, sería cabeza de portada en todos los diarios, pero el terrorismo y las elecciones la han sacado de la primera plana. Mientras su familia la llora, ella sigue bailando en ese video que pasó una y otra vez en las televisones. Sigue arrancándose al son de las palmas, llena de gracia, con una boina de punto que su madre le arregla con mimo, para que esté más guapa y sopla las velas de su último cumpleaños, y sonríe y derrocha alegría... Era una niña de cinco años, sólo cinco años...
Se acabó el baile, las palmas, las risas, el canto.
No se me va de la cabeza el título de aquella película... Han matado a un ruiseñor.










ídem dijo
Buffffffff... Nada que comentar... Un niño no debería "irse" nunca...
Lo siento. Un besazo, mari...
8 Marzo 2008 | 11:45 AM