Viene del capítulo uno

INTERIOR- CASA DE ANGUSTIAS, DESCANSILLO-AMANECER

ALBERTO
Primo, primo, de verdad, yo creo que la tía no está para entrar. Si no ha abierto los ojos desde que vinimos del pub. Tía, tía, ¿está bien? Tía, ¿me oye?

ROBERTO
Ni te molestes, no te va a contestar hasta que no se haga bien de día.

ALBERTO
¿Y eso por qué

ROBERTO
Uy, ¿cómo que por qué? Porque está durmiendo.

ALBERTO
Ah, y entonces, ¿qué hacemos? ¿Le ponemos el camisón y la acostamos?

ROBERTO
Y un huevo, que se duerma con lo puesto.

ALBERTO
¡Pero si duerme al lado de mi madre, en la cama nido! Tú imagínate cómo se puede quedar cuando vea que su hermana está ahí, tumbada, con la bata de la limpieza y los zapatos, que mi madre tiene muchos años, pero mucho conocimiento y la última vez que vio a la tuya, era como su ídolo tío, que siempre dice: “Ay, mi hermana sí que sabe lo que es limpiar, no como la rumana esta que me han mandado del ayuntamiento”. Y le grita a la Katia a lo burro “que digo, que la Angustias sí que le pone dedicación a la limpieza, que no para hasta quedar harta”.

ROBERTO
Sí, que se lo digan a mis amigos... Pero… ¡quieres sujetarla, que se te está escurriendo! (abre la puerta, empuja a Alberto y a Angustias hacia el comedor) Esperadme aquí, que entro a por su ropa.

COMEDOR DE CASA DE ANGUSTIAS

ALBERTO
(Sentado en un sofá de madera plagado de cojines de ganchillo, con su tía dormida sobre su hombro) Tía, usted ahora porque está drogada, pero ya verá cuando se le pase la alegría que se va a llevar de verme tan contento. ¿Se acuerda de Miguel, el de la familia de los Pacos, sí, mujer, de los del horno? Su hijo el mayor, el rubio, el que siempre me daba de hostias cuando éramos pequeños… Pues me caso, me caso con él y en esta ocasión, ahora que somos mayores, en vez de darme las hostias él, me las va a dar tol pueblo. Porque yo no sé si acuerda, tía, pero en el pueblo no se estila lo de mandar invitaciones. Que yo sepa, en casa no hemos recibido un tarjetón de esos en la vida. ¿Qué se casa la de los Manolines? Pues va tol pueblo. Y como siempre lo hacen en el mismo sitio, ahí, en las piscinas, pues ya nos sabemos los menús. De 120, que no lo pone nadie, de 90 y de 60 euros. ¿Qué te ponen sidra? O sea, el de siempre… Ya sabes que es el de 60, con dar el dinero del cubierto y diez euros más, pues ya está. Bueno, lo que le digo, tía, que cuando se enteren en el pueblo de que me caso, estarán invitados todos porque yo ya he ido a la boda de todo el mundo y, claro, a ver quién les dice que no… (Angustias va bajando la cabeza hasta recostarse sobre la entrepierna de Alberto)… Y ya verá, ya, la despedida de soltero que me van a dar, acabo en el pilón seguro, eso si no me dan de hostias, porque son muy bestias, y entienden lo de follarse a un burro por la necesidad, pero con tíos, pues no porque son muy machos, claro (Angustias le desabrocha la bragueta, le mete la mano en el paquete)…. Tía, tía, qué vicio tiene, de verdad, parece mentira… ¡Tía, tía!

ROBERTO
(Entrando con el camisón de su madre en la habitación) ¡Coño, Alberto, joder, que aquí no estamos a oscuras! Anda, que aprovecharte del estado de mi madre… Yo no sé qué le veis...

ALBERTO
(Avergonzadísimo, se levanta de golpe, la madre se da un hostiazo contra el pomo del sofá donde estaban sentado) ¡Que yo no he hecho nada, ¿eh?! Mira, lo último que me faltaba, con lo celoso que es mi novio, que se enterara de que me enrollado con una anciana. (Roberto le tiende el camisón de su madre, él lo coge nervioso y se lo devuelve) Por el amor de Dios, primo, vístela tú, que a mi me da agonía.

ROBERTO
Chico, yo qué sé, como ya os veía tan íntimas…. Sácale la bata. (Se la sacan, se le ven las medias de calcetín, se las quita su hijo) Mírale cómo se le clava la goma, la circulación se le corta con estas medias, pero ella, nada, que no quiere pantis y, claro, yo sé porqué no quiere pantis. Mira.

ALBERTO
(Mira a su tía, lleva unos calconcillos de Calvin Klain que te cagas) Joder, con la tía, esos calzoncillos no son del tío.

ROBERTO
No, no son del tío, al menos no del tuyo. Mírale, mírale luego el cajón de su mesita de noche y verás como lo flipas, que tiene una lencería que ni David Beckham. Y lo mejor es que al día siguiente no se acuerda de dónde han salido. Bueno, lista, a la cama con ella.

ALBERTO
(Coge a la tía a horcajadas, tal y como se la pasa su primo. Angustias salta, como si se la estuvieran follando de pie) Tía, no salte, ¡no salte!… De verdad, perdona que te lo diga, pero qué vicio tiene tu madre.

ROBERTO
Yaaa, ya… Tú asegúrate de que el día de tu boda no haya ni una habitación a oscuras en todo el banquete, que entonces sí que nos tiran del pueblo, pero con razón.

El próximo lunes... Capítulo tres de "Una de Almodóvar". En las mejores pantallas de ordenador

Véase el detalle que se ha tenido con los invitados en los últimos enlaces y bodas de oro: unos bonitos (y sobre todo prácticos) cuelgabolsos. La hermana de la Angustias ya tiene siete.